ASPECTOS AFECTIVOS Y COGNITIVOS EN PERSONAS CON NECESIDADES FÍSICAS
ESPECIALES
El desarrollo sexual y la vivencia de la sexualidad pueden ser muy diferentes
dependiendo de cada individuo y las propias circunstancias personales, culturales
y sociales que le rodean. Al hacer referencia a la sexualidad, no solo refiere
a las relaciones sexuales, en la misma medida también al desarrollo sexual,
la afectividad y el apego, elementos esenciales en la evolución de cada
individuo.
La sexualidad en su totalidad, es un proceso de aprendizaje que se desarrolla
desde la infancia hasta la edad tardía, y que acompaña a todo
ser humano en su vida. Las relaciones afectivas y sexuales son determinantes
para el desarrollo sexual de todo individuo, pero no toda la población
tiene las mismas condiciones físicas/psíquicas ni oportunidades
de aprendizaje afectivo-sexual.
Sin duda, las personas con discapacidad tienen exactamente las mismas necesidades
interpersonales que los demás individuos y el desarrollo sexual se vera
mediatizado por el propio proceso vital de integración social del individuo.
La vivencia de la sexualidad entre la población de discapacitados, puede
ser muy diferente atendiendo al tipo de discapacidad, a su grado de afectación
y si la discapacidad ha sido adquirida o congénita. Así pues,
la dimensión emocional y sexual del individuo estará en gran medida
determinada por la naturaleza de la discapacidad.
Pese a no ser apropiado generalizar debido a la diversidad del colectivo y las
características individuales de cada uno, existen algunos aspectos comunes
relevantes en cuanto a la vivencia de la sexualidad:
- Edad en que se adquirió la discapacidad.
- Si existen experiencias sexuales previas a la discapacidad.
Ambos aspectos influyen notablemente en la valoración personal de la
sexualidad. En los casos de discapacidad congénita, el individuo nace
y se desarrolla con unas limitaciones determinadas y en su proceso de evolución,
aprende a sortear los obstáculos al igual que potenciar sus recursos.
Cuando la discapacidad es adquirida, el individuo sufre un cambio en su estado
físico que en muchas ocasiones influirá en la manera de relacionarse
con el mundo. El impacto dependerá de algunas variables, entre las más
significativas está la edad de la persona:
- En edades tempranas, el impacto será menos agresivo a medio y largo
plazo, ya que el niño aprende a encajar su discapacidad en los inicios
de su proceso de socialización. Por supuesto, será fundamental
la respuesta y el apoyo familiar para desarrollar en el menor una evolución
afectivo-sexual normalizada.
- Sin embargo, resulta más difícil encajar una discapacidad cuando
se está viviendo una fase evolutiva en la que prima las relaciones sociales,
como es en la adolescencia y edad adulta. Cuando la persona ha tenido experiencias
sexuales previas a la discapacidad, la persona se enfrenta no solo a unas limitaciones
nuevas, sino también a un proceso de asimilación y aceptación
más abrupto, ya que existe un estilo relacional previo y unas experiencias
con las que comparar, lo que suele generar mayores niveles de frustración.
En general, las personas afectadas por una discapacidad presentan dificultad
en aceptar la discapacidad, principalmente manifiesta en las primeras fases
de la afectación. Se señalan algunas características frecuentes:
- Negación ante la nueva imagen corporal
- Dificultad en aceptar la discapacidad
- Disminución del interés sexual
- Pérdida de seguridad ante las relaciones sociales, afectivas y/o sexuales.
Suele suceder, que la actitud de rechazo ante la sexualidad es provocada o
mantenida por las dificultades internas de aceptación ante el nuevo estado
corporal y las dificultades externas que se encuentran en la sociedad para satisfacer
sus propias necesidades interpersonales de intimidad afectiva y sexual, de seguridad
emocional y de amistad entre otras.
En realidad, la satisfacción afectiva y sexual está mediada no
tanto por las capacidades físicas del individuo, y si por las habilidades
y estrategias de afrontamiento, adaptación y aceptación que el
individuo desarrolla ante su nuevo estado.
Sara Rivero Mañas
Instituto de Psicología, Sexología
y Medicina Espill
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